domingo, 13 de febrero de 2011

WURM

La glaciación conocida como Würm fue la última que conoció la tierra y con ella se considera terminado el Pleistoceno y las llamadas "glaciaciones antropológicas", debido a que fueron usadas por el humano para su paso a América. Las otras "glaciaciones antropológicas" anteriores a la Würm ó wurmiense, fueron Glaciación de Donau, hace 2.000.000 de años; Glaciación de Günz, de 1.000.000 años atrás; la Glaciación de Mindel de hace 400.000 años y la Glaciación de Riss de hace 150.000 años. Se supone según la teorías enunciadas, que todas ellas fueron usadas por el hombre para su paso a América, en mayor o menos grado. Los científicos las consideran "glaciaciones recientes".
Se considera que comenzó hace 80.000 años y terminó hace 10.000. Alcanzó su máximo hace 18.000 años. En este periodo, la especie humana no alcanzó a extinguirse, pero se redujeron intensa y extensamente las poblaciones, disminuyendo la dispersión genética original. Prácticamente no hace más de 20 milenios que recomenzó la dispersión genética.
Esta glaciación fue aprovechado por el hombre para hacer su paso desde Asia hacia América por el estrecho de Bering, según una teoría. Durante aquél período glaciar, el clima terrestre se volvió muy frío. Entonces los glaciares avanzaron más allá de los casquetes polares, hasta cerca de los trópicos. En esa zona los continentes se cubrieron de hielos se congelaron los lagos, lagunas y ríos. Los mares de poca profundidad desaparecieron, porque sus aguas se convirtieron en glaciares. Fue justamente en esos tiempos que los estrechos y archipiélagos continentales e insulares quedaron sin cobertura líquida ; por lo tanto, y temporalmente, muchas zonas cecanas quedaron unidas. Se unió, por ejemplo, Australia-Tasmania con Nueva Guinea, Filipinas e Indonesia. Los mismo ocurrió entre Japón y Corea.
Entre Asia y América, al reducirse el nivel de sus aguas, el estrecho de Bering se convirtió en "puente de Bering" o "puente de Beringia". Lleva ese nombre en honor del navegante Vitus Jonassen Bering (Dinamarca, 1681-1741), quién exploró esos mares con ayuda de los zares de Rusia.
El "puente de Beringia", en condiciones de ser transitado por humanos y animales, duró un breve período geológico. En su primera etapa, unos 4.000 años. En su segunda etapa unos 15.000 años. Existía en ese entonces un puente terrestre entre Asia y Alaska, que apareció cuando los glaciares del último período glacial estaban en su máximo, aprisionando millones de hectómetros de precipitación que normalmente habrían ido a los océanos. la falta de esa agua redujo el nivel del mar de Bering más de 90 m, bastantes para convertir los bajos del estrecho en un puente de tierra que unía los dos continentes. Ese istmo de tierra tenía una longitud de 75 kilómetros y un máximo ancho de 1.500 kilómetros. Aunque es un istmo, los científicos mantienen la denominación de "puente" por su significado de "unión" entre ambos continentes.
Durante 19.000 años, los grupos primitivos del Asia tuvieron la oportunidad de cruzar el "puente de Beringia". ese tiempo fue suficiente para que las primeras bandas y otras olas de inmigrantes de Asia llegaran al norte de América.

Homo Neanderthalensis

El hombre de Neandertal (Homo neanderthalensis) es una especie extinta del género Homo que habitó Europa y partes de Asia occidental desde hace 230.000 hasta 28.000 años atrás, durante el Pleistoceno medio y superior y culturalmente integrada en el Paleolítico medio. En un periodo de aproximadamente 5.000 años se cree convivió paralelamente en los mismos territorios europeos con el Hombre de Cro-Magnon, primeros hombres modernos en Europa. Esta convivencia se ha demostrado por fósiles hallados en las cuevas de Châtelperron.[1]

Sus características definidoras, a partir de los huesos fósiles descubiertos hasta ahora (unos 400 individuos), son: esqueleto robusto, pelvis ancha, extremidades cortas, tórax en barril, arcos supraorbitarios resaltados, frente baja e inclinada, faz prominente, mandíbulas sin mentón y gran capacidad craneal —1.500 cm³—. Vivían en grupos organizados, formados por alrededor de unos treinta miembros.

Los neandertales fueron una especie bien adaptada al frío extremo. Tenían un cráneo alargado y amplio, baja estatura y complexión robusta, y nariz amplia de aletas prominentes;[2] rasgos que denotan adaptación a climas fríos, como se puede observar actualmente en las poblaciones del Ártico. Su cerebro era igual o incluso más grande que el de los hombres modernos. Un neandertal promedio podría llegar a tener una altura de 1,65 m, de contextura pesada, y musculatura robusta. Si bien su estructura ósea no los hacía corredores de largo aliento, sí eran caminantes de largas distancias. Estudios anatómicos realizados han determinado que el neandertal podía articular una fonética limitada respecto al que actualmente posee el hombre moderno, esto debido a la ubicación de la laringe, más arriba que el moderno.[3]

El estilo de herramientas líticas utilizadas en el Paleolítico medio por los neandertales es la cultura Musteriense, así llamada por haber sido encontradas por primera vez en el yacimiento arqueológico Le Moustier. La cultura musteriense está caracterizada por la utilización de la técnica de talla Levallois. Estas herramientas fueron producidas usando martillos de percusión blandos, como huesos o madera. En los últimos tiempos de los neandertales se nota en el registro arqueológico el estilo Châtelperroniense, considerado como más "avanzado" que el musteriense.

Los Australopithecus

Australopithecus (del latín «australis», del sur, y del griego «πίθηκος» pithekos, mono; castellanizado, australopiteco) es un género extinto de primates homínidos. Vivió en África desde hace algo más de 4 millones de años hasta hace unos 2 millones de años, del Zancleaniense (Plioceno inferior) al Gelasiense (Pleistoceno inferior). La mayor novedad aportada por los australopitecos es que se desplazaban de manera bípeda. El tamaño de su cerebro era similar al de los grandes simios actuales. Vivían en las zonas tropicales de África, alimentándose de frutas y hojas. Existe consenso en que los australopitecos jugaron un papel esencial en la evolución humana al ser una de las especies de este género que dio origen al género Homo en África hace unos 2 millones de años, el cual a su vez dio origen a las especies Homo habilis, H. ergaster y eventualmente al humano moderno, H. sapiens sapiens.[1]

Una rama de los australopitecos se separó de la que derivaría en Homo sapiens, produciendo al Paranthropus robustus del por ahora aceptado género Paranthropus.

sábado, 20 de noviembre de 2010

¿De dónde vienen los volcanes?

Es indispensable definir algunos conceptos básicos para iniciar un tratamiento de los efectos de erupciones. A continuación se presentan una serie de breves definiciones de los términos vulcanológicos más frecuentemente utilizados. En relación a las estructuras, podemos empezar por la palabra Volcán.
En muchos lenguajes, la palabra volcán significa literalmente "montaña que humea". En castellano "Volcán" proviene del latín Vulcano, referido al Dios del Fuego de la mitología romana, que a su vez deriva del Dios Hefesto de la mitología griega. De una manera algo más formal puede utilizarse la definición de MacDonald (1972) y decirse que un volcán es aquel lugar donde la roca fundida o fragmentada por el calor y gases calientes emergen a través de una abertura desde las partes internas de la tierra a la superficie. La palabra volcán también se aplica a la estructura en forma de loma o montaña que se forma alrededor de la abertura mencionada por la acumulación de los materiales emitidos. Generalmente los volcanes tienen en su cumbre, o en sus costados, grandes cavidades de forma aproximadamente circular denomidas cráteres, generadas por erupciones anteriores, en cuyas bases puede, en ocasiones, apreciarse la abertura de la chimenea volcánica.
Los materiales rocosos que emite un volcán pueden ser fragmentos de las rocas "viejas" que conforman la corteza o la estructura del volcán, o bien "rocas nuevas" o recién formadas en la profundidad. Las rocas "nuevas" pueden ser arrojadas por el volcán en estado sólido o fundidas. Magma es la roca fundida que se encuentra en la parte interna del Volcán, que cuando alcanza la superficie, pierde parte de los gases que lleva en solución. Lava es el Magma o material rocoso "nuevo", líquido o sólido, que ha sido arrojado a la superficie.
Comúnmente, las lavas recién emitidas se encuentran en el rango de temperaturas entre 700 °C y 1200 °C, dependiendo de su composición química. Todas las rocas que se han formado a partir del enfriamiento de un magma se llaman rocas ígneas. Cuando el enfriamiento tuvo lugar en el interior de la tierra, y las rocas fundidas no llegaron a emerger a la superficie, se llaman rocas ígneas intrusivas. Cuando la roca se ha formado ha partir del enfriamiento de lava en la superficie, se denomina roca ígnea extrusiva. A todas las rocas que han sido producidas por algún tipo de actividad volcánica, sean intrusivas o extrusivas, se les llamam rocas volcánicas. Pero no todas las rocas ígneas son volcánicas.
Existen grandes masas de rocas ígneas intrusivas, denominada plutónicas , que se han enfriado a gran profundidad , sin estar asociadas a ningún tipo de actividad volcánica. Algunas de las rocas plutónicas más comunes son, por ejemplo , ciertos tipos de granito.
La emisión de material rocoso y gases a alta temperatura es lo que se denomina una erupción volcánica. Cuando ésta es el resultado directo de la acción del magma o de gas magmático, se tiene una erupción magmática. Las erupciones pueden resultar también como efecto del resultado también como efecto del calentamiento de cuerpos de agua por magma o gases magmáticos. Cuando el cuerpo de agua es un acuífero subterráneo, la erupción generada por el sobrecalentamiento de este por efectos magmáticos, se denomina erupción freática. Este tipo de erupciones generalmente extruye fragmentos de roca sólida " vieja" , producidos por las explosiones de vapor. En algunos casos, este tipo de erupciones pueden emitir también productos magmáticos mezclados con los de la erupción de vapor. Si este es el caso, la erupción se denomina freatomagmática.
Es común que, después de una gran erupción magmática o freatomagmática, una formación de lava muy viscosa empiece a crecer en el fondo del cráter por la chimenea volcánica, formando una estructura en una forma de cúpula a la que se llama domo, que puede crecer hasta cubrir por completo al cráter.
Los materiales rocosos fragmentados emitidos por una erupción, lanzados en forma sólida o líquida, se denominan piroclastos. Qué tan fina sea la fragmentación de los piroclastos dependen de la intensidad de la erupción explosiva . Estos, al depositarse en el suelo, pueden cementarse por varios procesos, tales como solidificación, por enfriamiento si venían fundidos, o por efecto del agua, etc. Los piroclastos cementados forman las rocas piroclásticas.
Una forma genérica de referirse a los productos piroclásticos, cualesquiera que sea su forma , es tefra. A los fragmentos de tefra de menor tamaño (menores de 2mm) se les llama ceniza, y a los mayores lapilli. El magma , antes de emerger en una eruppción , se acumula bajo el volcán a profundidades de unos cuantos kilómetros en una cámara magmática.
Las erupciones explosivas pueden producir densas columnas de tefra que ocasionalmente penetran la estratosfera y alcanzan alturas superiores a los 20 km; éstas son las columnas eruptivas.
Durante una erupción explosiva, el magma al alcanzar la superficie, produce grandes cantidades de gas, que traía en solución y libera enormes cantidades de energía por diversos procesos. Esta diversidad de mecanismos presentes en la erupción, hace difícil medir su tamaño. Así, en contraste con la sismología, en la que se mide el tamaño de un temblor en función de la energía elástica que libera en forma de ondas sísmicas; en vulcanología la medida del tamaño de una erupción es un problema que no está del todo resuelto .
Walker (1980) sugirió que se necesitan cinco parámetros para caracterizar adecuadamente la naturaleza y tamaño de una erupción explosiva: Magnitud de masa , es la masa total del material eruptado. Intensidad , es la razón a la que el magma es expulsado (masa/tiempo). Poder dispersivo , es el área sobre el cual se distribuyen los productos volcánicos y está relacionada con la altura de la columna eruptiva. Violencia , es una medida de la energía cinética liberada durante las explosiones, relacionada con el alcanze de los fragmentos lanzados, Potencial destructivo, es una medida de la extensión de la destrucción de edificaciones, tierras cultivables y vegetación, producida por una erupción.
En 1955 Tsuya definió una escala de magnitudes basadas en el volumen de los distintos tipos de materiales eruptados. La escala de Tsuya se incluye en la tabla 2. En 1957 Yokoyama y en 1963 Hédervari, propusieron extender las escalas de volumen a una escala de Magnitud de energía , basada en la relación de proporcionalidad directa entre la masa del material emitido, su volumen y la energía liberada. Recientemente, De la Cruz-Reyna(1990) definió una escala de magnitudes basada en la relación entre el tamaño de las erupciones y su razón global de ocurrencia. Una medida del tamaño de las erupciones que combina algunos de los parámetros anteriores (dependiente de la disponibilidad de información ), es el índice de explosividad volcánica, VEI (Newhall y Self, 1982), definido en la tabla 2.

martes, 16 de noviembre de 2010

¿Qué es un tsunami y cómo se forma?

Un tsunami (se pronuncia tsuu-NA-mii) es una serie de olas, que se generan en un océano u otros cuerpos de agua, a causa de terremoto deslizamientos de tierra, erupción volcánica o impacto de meteroritos. Los tsunamis generan grandes daños cuando chocan contra las costas. Algunas personas llaman a los tsunamis, "olas de mareas", pero estas olas mostruosamente gigantes realmente tienen muy poco que ver con las mareas, de manera que el término de "olas de marea" en realidad es incorrecto.
Las olas de un Tsunami son diferentes a las que llegan hasta las orillas de los mares o lagos. Este tipo de olas son generadas por los vientos que hay mar adentro, y son olas bastante pequeñas en comparación con las olas de un tsunami. Las olas de un tsunami en el océano abierto pueden tener más de 100 kilómetros de largo. ¡Eso es lo que medirían 1 000 canchas de fútbol americano!. Las olas son inmensas, y viajan muy de prisa, a una velocidad aproximada de 700 km/hr., pero tienen sólo un metro de altura cuando están mar adentro.
A medida que un tsunami viaja en dirección a las aguas menos profundas de la costa, desacelera y aumenta en altura. Aún cuando es muy difícil ver a un tsunami en el mar, cuando llega a la costa puede crecer hasta alcanzar muchos metros de altura y, a medida que se acerca de la costa, desarrollar mucha energía. Cuando finalmente llega a la costa, podría parecer que el tsuniami es una marea que crece o decrece rápidamente, o una serie de olas con una latura máxima de hasta 30 metros.
Pocos minutos antes de que un tsunami choque contra la costa, el agua que se encuentra cerca de la costa se retirará y podrá verse el fondo marino. Por lo general, la primera ola no es la más grande, y cada 10 a 60 minutos llegarán más olas. Estas olas se mueven mucho más rapidamente de lo que puede correr una persona. El peligro de un tsunami puede durar muchas horas después de la primera ola. Diferente a otro tipo de olas, las olas de un tsunami no se giran ni rompen.
Las costas afectadas por un tsunami se erosionarán severamente. Un tsunami puede causar inundaciones hasta cientos de metros tierra adentro. El agua se mueve con tal fuerza que es capaz de destrozar casas y otro tipo de edificaciones.







Este tipo de perturbación marina es capaz de viajar a una velocidad de hasta 900 kilómetros por hora, siendo la fuerza del fenómeno perceptible en toda su intensidad en el momento de llegar a la costa.

El terremoto que originó el tsunami que arrasó el sudeste asiático tuvo su epicentro frente a la costa noroeste de la isla indonesia de Sumatra (3,298°de latitud Norte, 95,779°de longitud Este).

Su intensidad de 8,9 grados en la escala Richter lo convierte en el más poderoso de los últimos 40 años, siendo el quinto en magnitud de todos los ocurridos desde el comienzo del siglo pasado. Los científicos estiman que ha provocado la ruptura de unos 1.000 kilómetros en el lecho del Océano Índico.


lunes, 15 de noviembre de 2010

Wegener

(Berlín, 1880 - Groenlandia, 1930) Geofísico y meteorólogo alemán. Aunque doctorado en astronomía, se interesó muy pronto por la geofísica y por las entonces incipientes ciencias de la meteorología y la climatología. Pionero en el uso de globos aerostáticos para el estudio de las corrientes de aire, a lo largo de su vida realizó hasta tres expediciones de observación meteorológica a Groenlandia, en la última de las cuales encontró la muerte.
Su nombre quedará asociado para siempre a la teoría de la deriva continental, que le ocasionó no pocos disgustos en vida. En 1911 se interesó por el descubrimiento de restos fósiles de vegetales de idénticas características morfológicas hallados en lugares opuestos del Atlántico. La paleontología ortodoxa explicaba tales fenómenos recurriendo a hipotéticos puentes de tierra firme que en su día unieron las diferentes masas continentales.
Las similitudes entre los perfiles opuestos de los continentes de América del Sur y África le sugirieron la posibilidad de que la igualdad de la evidencia fósil se debiera a que ambos hubieran estado unidos en algún momento del pasado geológico terrestre. En 1915 expuso los principios de su teoría en la obra El origen de los continentes y los océanos, que amplió y reeditó en 1920, 1922 y 1929.
Según Wegener, hace unos 300 millones de años los actuales continentes habrían estado unidos en una sola gran masa de tierra firme que denominó Pangea, la cual, tras resquebrajarse por razones desconocidas, habría originado otros nuevos contingentes terrestres sujetos a un movimiento de deformación y deriva que todavía perdura.